Qué es el mantenimiento web
El mantenimiento es el trabajo que hace falta para que una web siga funcionando, segura y al día después de publicarla. No es rediseñarla ni añadirle funciones nuevas: es cuidarla.
Cuánto trabajo da depende de con qué esté hecha. Una web estática de pocas páginas apenas tiene piezas que se rompan; una web con gestor de contenidos, plugins y base de datos necesita actualizaciones constantes y es un objetivo habitual para ataques automáticos. Una tienda online, además, tiene pedidos, stock y pasarela de pago que vigilar.
Por eso el mantenimiento no cuesta lo mismo en todos los casos y no todo el mundo lo necesita igual.
Qué incluye normalmente
- Pequeños cambios de contenido. Un horario nuevo, un precio, una foto, un texto que ha quedado viejo. Lo que no justifica un proyecto, pero que alguien tiene que hacer.
- Revisión técnica periódica. Comprobar que la web carga, que los formularios llegan, que los enlaces funcionan, que el certificado de seguridad está en vigor y que nada se ha roto con una actualización del navegador o de la plataforma.
- Copias de seguridad. Guardar una copia de la web para poder restaurarla si algo falla, se borra o se ataca.
- Actualizaciones. En webs con gestor de contenidos, mantener al día el sistema, los plugins y el tema. En webs estáticas, casi no hay nada que actualizar.
- Vigilancia del dominio y el alojamiento. Que no caduquen y que las renovaciones estén en orden.
En SellPix, el mantenimiento incluye pequeños cambios de contenido, una revisión técnica mensual y copias de seguridad, por 29 € al mes y sin permanencia.
Qué no incluye
Para que no haya malentendidos, el mantenimiento no suele cubrir:
- Rediseños ni páginas nuevas. Eso es un proyecto aparte, con su presupuesto.
- Funciones nuevas: reservas, tienda, área de clientes, idiomas.
- Redacción de contenidos largos o publicación periódica de artículos.
- Campañas de anuncios, posicionamiento continuado o gestión de redes.
- Las cuotas de terceros: dominio, alojamiento, Shopify, herramientas.
Si un proveedor te vende «mantenimiento» y en realidad te está cobrando el alojamiento o el posicionamiento, pide que lo separe. Son cosas distintas y conviene saber qué pagas por cada una.
Qué pasa si no lo tienes
Nada, durante un tiempo. Después, depende de la web.
En una web estática bien hecha, lo más probable es que pasen meses sin problemas. El riesgo está en los detalles: un horario que ya no es el real, un precio antiguo, un formulario que dejó de llegar sin que nadie se diera cuenta, un certificado que no se renovó. Cada uno de ellos cuesta clientes sin hacer ruido.
En una web con gestor de contenidos y plugins, el riesgo es mayor: las versiones antiguas acumulan fallos de seguridad conocidos y los ataques automáticos los buscan. Una web hackeada puede acabar mostrando contenido ajeno, enviando spam o marcada como peligrosa por el navegador, y recuperarla cuesta más que haberla cuidado.
Y en una tienda online, un fallo en el pago o en el envío es dinero que se pierde ese mismo día.
Cuándo compensa y cuándo no
Compensa cuando se da alguna de estas condiciones:
- No tienes tiempo ni ganas de tocar la web, y sabes que si depende de ti no se hará.
- Cambias cosas con frecuencia: horarios de temporada, precios, promociones, fotos nuevas.
- La web es una parte importante de cómo te llegan clientes y un fallo te cuesta dinero.
- Es una tienda online o una web con gestor de contenidos, que necesita actualizaciones.
No compensa cuando la web es estática, cambia una vez al año y te han enseñado a editarla. En ese caso, basta con revisarla tú de vez en cuando y pedir ayuda puntual cuando haga falta. Un buen diseñador te lo dirá antes de venderte la cuota.
Un punto intermedio razonable: aprender a hacer los cambios pequeños y contratar una revisión técnica periódica, aunque sea trimestral.
Cómo elegir un mantenimiento sin sorpresas
Si decides contratarlo, estas preguntas separan un buen servicio de una cuota vacía:
- ¿Qué incluye exactamente y qué no? Pide la lista por escrito: cambios (cuántos y de qué tipo), frecuencia de la revisión, copias de seguridad y dónde se guardan.
- ¿Cuánto tardan en hacer un cambio? Un plazo de respuesta claro (por ejemplo, menos de 24 horas laborables) vale más que una promesa de «rápido».
- ¿Hay permanencia? Un buen mantenimiento se queda porque funciona, no porque te ate. Desconfía de contratos anuales para una cuota mensual.
- ¿Qué pasa si la web no la hicieron ellos? Lo normal es que la revisen antes de aceptarla y te digan qué pueden mantener y qué no.
- ¿Qué recibes cada mes? Un aviso con lo revisado y lo cambiado. Si no hay rastro de trabajo, es difícil saber que se ha hecho.
Cómo revisarla tú mismo, si no contratas nada
Si decides no contratar mantenimiento, reserva media hora al mes para esto:
- Abre la web en el móvil y recorre todas las páginas. Mira horarios, precios y datos de contacto.
- Envíate un mensaje desde el formulario y comprueba que llega.
- Pulsa el teléfono y el WhatsApp desde el móvil.
- Comprueba que el candado del navegador sigue ahí (certificado en vigor).
- Mira la fecha de renovación del dominio y del alojamiento y apúntala en el calendario.
- Si tienes gestor de contenidos, aplica las actualizaciones pendientes y haz copia antes.
Para terminar
El mantenimiento es una decisión práctica, no una obligación. Si tu web es sencilla y la puedes cuidar tú, hazlo. Si no vas a hacerlo o la web es parte de tu caja, una cuota pequeña sale más barata que un fallo. Y en cualquier caso, pide que te expliquen qué incluye exactamente antes de pagarla. Si todavía estás decidiendo qué web hacer, te puede servir la guía cuánto cuesta una página web para un pequeño negocio.